SI NO LO HAGO YO ¿QUIÉN LO HARÁ?

El autocuidado empieza por querernos y aceptarnos tal y como somos. Esto no quiere decir que tenga que gustarnos todo lo que engloba a nuestra persona. Es poder ver cómo somos, aquello que nos gusta y lo que quisiéramos cambiar, aceptarlo y decidir qué podemos hacer a partir de ahí. Puede que decidamos empezar un proceso de cambio o aceptar ese aspecto como algo nuestro, pero lo primero es reconocerlo.


Cuando nos queremos y aceptamos, nos damos cuenta de que nos tenemos que cuidar, igual que hacemos con el resto de personas a las que queremos. Esto podría parecer algo lógico y normal, pero si nos paramos a reflexionar nos damos cuenta de que muchas veces no es así.


¿Cuántas veces somos más comprensivos con los demás que con nosotros mismos?


Cuando queremos a alguien le escuchamos, tenemos en cuenta sus necesidades, intentamos estar a su lado cuando algo no va bien... La mayoría de personas estamos de acuerdo con esto, pero ¿Cuánto tiempo dedicamos a hacer esto con nosotros mismos?


Por otro lado, esperamos que aquellos que nos quieren nos comprendan, sepan lo que necesitamos y nos lo den. Estamos acostumbrados a poner la mirada en el otro y, cuando lo hacemos, esperamos a que la otra persona actúe, poniendo en ella la responsabilidad. En cambio, si somos conscientes de que esto depende de nosotros y nosotras, el poder de hacerlo pasa a estar en nuestras manos.


Cuando hablamos de autocuidado hacemos referencia a darnos el espacio que necesitamos en nuestra vida. Para ello es importante preguntarse:


¿Cuáles son mis necesidades en este momento?

¿Qué espacio hay en mi día a día para hacer algo con lo que disfrute?

¿Cómo me hablo cuando creo que he hecho algo mal?

¿Atiendo aquello que mi cuerpo me transmite?

¿Cuido mi alimentación y el descanso que necesito?


“Si yo renuncio a ser el centro de mi mundo, alguien va a ocupar ese espacio. Si giro alrededor tuyo empiezo a estar pendiente de todo lo que digas y hagas. Entonces vivo en función de lo que me permitas, de lo que me des, de lo que me enseñes, de lo que me muestres, de lo que me ocultes…

Y, por otro lado, cuando me doy cuenta de que soy el centro del mundo de otro, me empiezo a asfixiar, me pudro, me canso y quiero escapar…” (Jorge Bucay)


Ponernos en el centro de nuestro mundo es atendernos, querernos y acompañarnos, puesto que somos los compañeros de nuestro camino.


En este punto, podríamos pensar: ¿Qué pasa con los demás?


Estamos acostumbrados a que la mayoría de las cosas sean limitadas en nuestra vida, pero el amor no lo es. El hecho de que yo me trate con amor y me cuide, no va a impedir que lo haga con el resto de personas. Seguramente ocurra lo contrario. Si atiendo mis propias necesidades y me cuido, no necesitaré tanto del otro. Mi relación podrá ser mucha más sana, sin que me relacione a través de la exigencia, el cansancio o la demanda.

Por quererme y cuidarme, no tengo porque descuidar al otro; sino que podré quererlo mejor.


Desde Som Creixement os invitamos a iniciar el camino que os lleve a poneros en el centro de vuestro mundo, atendiendo aquello que necesitáis.

Lorena Quero Montero.

#autocuidado

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